Me voy

  Siempre supe que un día me iría de aquí. Nunca lo he necesitado. Nunca tuve este sentimiento inesperado y certero de conclusión, hasta ahora. Estos años, muchas cosas se han transformado a velocidades increíbles a mi alrededor. Las últimas semanas fueron prácticamente mágicas, con varios despertares y tremendo dolor, pero mágicamente transformadoras. Siento que mi ciclo en este lugar ha sido acabado. Observo todo lo que me rodea y lo siento tan mío como ajeno. Tan simple. Tan noble… Tan listo para ser soltado. Siempre intuí que este momento se sentiría así: Nada me pide correr, sólo me suelta.
  Es momento de vivirme. De pasar a través de mí en forma verdadera. De bucearme. No tengo padres que esperen mi visita, y acabo de perder todo miedo a caminar el mundo y a volar el cielo sin su presencia física porque, desde que desencarnaron, van conmigo adonde sea que vaya. Mi hijo, con trece años, es prácticamente un maestro… ¿qué más puedo enseñarle yo? Ya he guiado la formación de su personalidad y tengo un hogar que será suyo. Hace poco ha decidido iniciar una nueva etapa en su vida, recuperando el vínculo con su padre y conviviendo con él por primera vez. Luego de eso,  me ha regalado su bendición con simples palabras: “Hacé cosas que te gusten a vos”. Y su papá (¿quién iba a decirlo?..): “Vos sos muy buena persona. Ya es hora de que dejes de cargar mochilas ajenas y hagas lo que tu corazón necesita”. Mis hermanos son todos adultos, el más chico re-descubrió hace tiempo el poder de su energía y su camino consciente ha comenzado. Los mayores se han acercado a mí en paz. He recuperado el vínculo con tías y primos, sanando rencores de generaciones antecesoras. Formo parte de un Círculo de Mujeres impagable, en el que me siento muy contenida y muy acompañada. Aprendo y recibo tanto de mis hermanas y de mis ancestras que les debo la mitad de lo que soy. Tengo amigos maravillosos (realmente me emociona pensarlos, son portadores de corazones inmensos) que me llenan de amor, siempre. Son mi familia del corazón. Cuánto me han ayudado estos años a ser mejor… Algo muy bueno debo haber hecho en otras vidas para merecerlos en ésta. La gente del barrio me brinda amor también. La kioskera me fía sonriendo, la vecina de en frente me invita a tomar mates, el vecino de la media cuadra me ayuda con el taladro, todos me dicen “Laurita” con una sonrisa real, amplia, fresca, y me regocijo en esos saludos familiares. Estoy satisfecha con los vínculos que he construido. Me ha llevado años aprender a hacerlo y hoy me siento amada. Muy amada, por mucha gente. Esa es la energía que me lleva...

  En cuanto decidí irme y buscar destino en otro lugar (un hermoso lugar que hace ratos me espera), hice contactos y casi instantáneamente, se abrieron las puertas. Mientras, estoy cerrando la puerta de este lugar que me hizo, hasta que deba volver a abrirla con estas mismas manos, pero llenas de cosas nuevas. Estoy revisando, recordando, soltando, vendiendo, regalando… y todo me dice adiós. Todo me dice que vaya, que me gané esta oportunidad con cada decisión tomada en el camino.  Abro mi corazón al Universo y mis guías me acompañan. Sí hay una sola cuestión que me hace mirar hacia atrás, y por eso también abro las alas. Porque el amor es un ave que necesita volar y yo elijo amar como ama el pájaro…

Escuchar canción: El tiempo está después

Nadie muere de amor hasta que muere de amor

  Nadie muere de amor hasta que pierde la razón. Nadie que razone muere de amor. No quiero ir mañana al psicólogo que me ayuda a olvidarte a decirle que no quiero olvidarte, que prefiero llorar todos los días hasta el final antes que vivir sin imaginarte. Que me duele el alma sabiendo que te abandoné porque pudiste romperme y que estoy rota ahora, de todas formas. Que cuando recuerdo la pesadilla de soportarte, te extraño igual. Que estoy enfurecida con el mundo porque logró hacerme obedecer a una ética que no siento, afirmando que debo salvarme de todo para evitarle el esfuerzo de liberarse de las reglas. Que odio los semáforos porque evitan los choques y hacen creer a las personas que saben vivir hasta la muerte. Que nadie admirable ha sido recordado por escapar ante el peligro, que la historia tiene importancia porque la ennoblecen quienes dan su vida por su causa. Que el mundo no es sostenido por las personas que viven seguras, que éstas son los que hacen contraste a las pasionales y que yo soy ambas. Que siempre supe que puedo vivir sin vos, que no necesito un psicólogo para descubrirlo, pero que no quiero. Que sé que sos caprichoso y  manipulador,  que siempre lo he sabido  y que no deseo cambiarte. Que sos insoportable y que aún así te elijo. Que tengo grandes dudas sobre ir a buscarte porque sos muy hinchapelotas y aunque no te tengo miedo me estresás, pero que no quiero tolerar tu demonización en boca de nadie. Que no me importa que quieras dominarme porque no te lo permitiría aunque incendiaras el mundo en uno de tus berrinches y que ese sería el mejor ejemplo para cualquier generación venidera. Que la belleza de tu alma es algo que sólo yo contemplo emocionada. Que la psicología no puede saber de qué carajos hablo, y que aunque es una de las ciencias que más admiro, (citando la canción que escuchamos juntos:) tu locura es mi ciencia. Que ésto no tiene explicación, ni la precisa. Que puedo redactar un testamento dejándote mi vida, liberándolo de toda culpa si tus berrinchitos no cesan y me rompés más que un vidrio. Que no me moleste con que soy rebelde, que mi causa es el amor.

P/D: Mañana, seguramente, me levantaré, con los ojos hinchados, e iré a mi sesión a decir que sigo haciendo "lo correcto", que estoy aceptando esta contradicción, que te extraño porque tenemos corazones idénticos pero que no podemos estar juntos porque a vos no te gusta el mío. Y el psicólogo me recordará: "En las relaciones espejo no hay completud, es uno o es el otro, no hay lugar para los dos. Y es evidente quien quiere ese lugar."

Escuchar canción: No pretendo

INCOMPATIBILIDAD

Mi cuerpo ya no es mío
ha cambiado sus patrones
No entra por mis ojos lo que veo
nada ahora existe
todo es catapulta
saldré expulsada pronto
de mí misma o del mundo

Presiento la extrañeza natural de lo nuevo
sospecho la muerte del personaje
y me excita
Ansiedad de ser sola
de darme entera a la abstracción
Incineración de los planos 
Fundición de portales que expande
Me acerco al big bang
en retrospectiva 
el tiempo se acelera
y me agita el pulso
el om vibra en mis células
dudo de mi necesidad de respirar...

Me siento lista

Escuchar canción:  De todo el mundo


ESTOY BIEN

Estoy bien
con esta tristeza cotidiana
de distraerme esperando
que entres por esa puerta
para estar bien conmigo.
Estoy bien
cuando te nombro mentalmente
para asegurarme de que seguís allí
dentro de mí
aunque nadie pueda atestiguar
que te he pronunciado
Estoy bien
cuando suena la canción que te trae
y te proyecto en el aire
para  contemplar tu divinidad
a ojos cerrados
Estoy bien
sabiendo que amo
con una prudencia que preserva mi amor

hasta el final

Escuchar canción: Algún lugar encontraré

RENDICIÓN

Díganme que está bien
que camina tranquilo
para alcanzarme 
en otro tiempo de la misma historia


No.

Exorcísenme.

Bórrenme del relato
que no me encuentre
que no me haya alcanzado
nunca antes
en la historia que necesito escribir
contando que no existió
este demonio mío
que no murió tras su paso
Fin
Dios
preciso encontrarte frente al oasis del fuego
y salvarme de ignorarte a consciencia
Haz de mí un instrumento de tu paz
lo que quede de esta insoportable eternidad
te pago con mi alma inconclusa

Escuchar canción: Demonios

Algo sobre mí/mi madre

  Estoy en época de laburar cosillas con la imagen de mi madre (ya fallecida) y recordaba... Que cuando yo era chica y mi mamá mostraba mis fotos (fotografías, no imágenes) a las personas que venían a casa, no lo disfrutaba. Más bien, lo sufría con mucho pudor porque no tenía consciencia de lo que sucedía. Sentía muchísima incomodidad porque contaba cosas de mí que yo no deseaba contar o mostrar a esas personas que ni siquiera eran de mi círculo íntimo. Entonces, me retiraba del lugar. 

  Creo que ese sentimiento de abuso o manoseo de lo que, en ese momento, era para mí importante (más o menos así se siente de niña cuando no es tu decisión, como una especie de desnudez obligada), influyó mucho en mis relaciones desde la pubertad hasta el día de hoy. De hecho, en la actualidad uso la exposición como auto-medicina, porque descubrí que resistirme a lo que me ha hecho sentir expuesta es contraproducente. Ahora, de adulta, cada vez que me expongo, lo hago conteniendo a la niña que fui y que sufrió aquello, explicándole que está a salvo porque lo hago voluntariamente, que soy responsable de mis actos y que asumo las consecuencias de tal elección ("ya no soy una niña y esto ya no me hace daño"). Y me libero... Acercándome al día en que no me produzca ni la más mínima cosquilla la exposición voluntaria o involuntaria (me siento cerca de eso a esta altura).


  A veces, chateo con contactos que se sorprenden al saber que tengo un hijo, que soy madre. ¡Claro! Caigo instantáneamente en la cuenta de que no soy la típica madre que llena de fotos de su/s hijo/s su muro. Y es que, un día, hace años (pocos desde que había salido a la luz esta red social) y debido a mi experiencia como hija, sentí que no tenía derecho a exponer permanentemente a mi hijo, como si fuera mi mascota o mi bicicleta, en Facebook. Al menos, mientras no tenga la certeza de que él no está en una edad en la que le resbale que yo lo exponga. Y la adolescencia no suele ser el caso en que las actitudes de nuestras madres nos resbalan, sino más bien, todo lo contrario. Incluso, en esta etapa, comenzamos a pasar facturas de la niñez. Sentía y siento que vivir subiendo fotos suyas no es algo que suponga respeto por su privacidad, intimidad, reserva y/o seguridad. Que no haga alardes todo el tiempo de mi amor por él o de sus logros que me harían quedar muy bien no significa que no lo ame. Me importa muy poco satisfacer la demanda colectiva de actitudes maternales elogiables por el patriarcado. Mi amor está expresado en mi respeto y lo único importante para mí es que así lo sienta él.

  Más tarde, un par de años después, él mismo me agradeció esta decisión reconociendo que realmente habría detestado que lo hiciera (exponerlo continuamente), incluso en el presente. Por supuesto, él lo siente así porque está educado por mí. Ciertamente, fue un alivio su agradecimiento, teniendo en cuenta que una siempre anda con la duda de estar atinando (porque se supone que conocemos a quien parimos) o estar proyectando sobre los hijos algún trauma propio. Quizá los hijos de otras personas sean felices viéndose y recordándose, de adultos, en las fotos que suben/subían sus mamás y quizá luego hagan lo mismo con sus hijos y lo disfruten más aún porque están educados de otro modo. Por fortuna de la bendita libertad, hay muchos mundos en este mundo. Sólo hay que ser consciente de cómo se desea construir cada mundo.

VIVIR SIN ESPERARTE

Estoy aprendiendo a vivir
sin esperarte
pero aún te espero
cada sol
partiéndome la cara
cada ave
parecida a un dibujo
cada luna
sobre una  escalera
cada idea
desvaneciéndose en silencio
cada fotografía sin definición
cada cerveza
y tu ruido interior…
cada lluvia
con actitud de isla
cada bicicleta
con la rueda desinflada
cada sombra interna
cada locura
con miedo al no retorno
Cada paso
con pausa y mirar hacia atrás
inherentes
Cada mensaje
que me importa un mierda
al final
cada golpe en la puerta
tras la cual no te encuentro
A veces me duele
pero estoy aprendiendo  a vivir
sin esperarte
A veces
esperándote
decido no esperarte
para ver si volvés
Si soltás algo
vuelve
como el boomerang
Y esperanzada,  creo que te olvido
hasta que reviso el espacio
y asumo...
no regresaste mientras no  esperaba
y vuelvo a esperarte
otra vez
Estoy aprendiendo a vivir
sin esperarte
No voy a buscarte
tengo miedo de vos
de mí en nosotros
de lo que no deshicimos
juntos.
Pero mi esperanza
te embellece
cada vez que te espero
y te espero más
que es mejor que buscarte
y descubrir que no vas a volver.
Y tengo miedo de soltarte
de verdad
de que, justo, luego 
llegues  
con tu miedo
y descubras que aprendí a vivir
sin esperarte.
Si renunciás
a la satisfacción de un deseo
para dejar de sufrir
y descubrís luego
que el deseo sigue ahí

es un deseo del  corazón.

DECIRLO

Autenticidad 
fue decirte que no te amo
y reunir los trozos de mi cuerpo
y arrojarlos hacia otro lado
de nuevo
Fue sentirme enaltecida
en los augurios del suspenso
con el pellejo hecho bandera
y luces emergentes en el vientre
Fue mirarte el alma con los ojos
y libertarla a través de ellos
perpetuando el fuego
devolviendo las preguntas
desenlazando los miedos
reconciliando la búsqueda
con la muerte.

ÁNIMUS

Tengo la espalda llena de hombres
dormidos
pendientes de un signo
ausentes
embriones del ánimus que esculpo
me asustan y se esfuman
los provoco y regresan
pidiendo libertad onírica
Los veo en cada plano
cada día
pueden verme
esperan el signo que busco.

Soy oscuridad

  Vivimos con miedo. Es nuestra base. Nuestras vidas se tratan de ser equilibrados para poder sostener un estilo de vida, acorde a las necesidades de quienes nos rodean, que no son más que excusas para no ser quienes anhelamos ser. "Lo que pasa es que tengo un hijo", mi excusa hace trece años para no ser y mantener todo bajo control. "Soy un adulto de tantos años y no tengo casa, o trabajo estable", "No puedo, tengo que alcanzar tal objetivo" ¡Mierda!Esas son nuestras preocupaciones. Qué mediocridad. Nuestros objetivos siempre apuntan a lo que está bajo control. Vamos en sentido opuesto al ser, siempre amoldándonos a lo que los demás quieren ver en nosotros, para no incomodarlos y generar que nos excluyan. Mundanidad. Todos adaptados a la línea del equilibrio para que nuestros hijos continúen repitiendo el mismo modelo de camino por los siglos de los siglos, Ese es el mandato familiar y social del que necesito liberarme: el debido equilibrio (no el equilibrio).

  En este camino de "amor propio" (cada vez necesito menos del famoso concepto de amor propio), evitamos a personas que "nos hacen mal", como si alguien más que nosotros pudiéramos hacernos mal. Si fuéramos quienes queremos ser, estaríamos a salvo de todo. Seríamos inmutables. Sólo somos vulnerables a lo externo porque por dentro estamos incompletos tratando de ser algo que no somos: equilibrio. Creo que personas libres no necesitarían cultivar el amor propio, porque no necesitan cuidarse de los demás.
  Se me estruja el plexo solar, de angustia, cuando me acerco al tipo que me sacude toda el alma porque no puedo predecir uno solo de sus comportamientos y me aterra perder el control de mí misma (entregarme a emociones que no me muestran estable) bajo su influencia, porque pasé mi vida sobreesforzándome para ser alguien que encaje y aunque sigo sin lograrlo, tiendo a creer que esa estupidez me salvará de algo. Y no me salva de nada, sólo me mantiene en pausa. Esa persona que me desestabiliza es mi espejo, la otra cara de mí. Mi locura, todo lo opuesto al control. Cierta vez me dijo: "Tenés miedo a perder los estribos y por eso te vas sola. Sos manipuladora y mentirosa, tenés a la gente engañada". Pasé horas no haciéndome cargo de eso, gracias a mi tan desarrollado ego. Pero algo me hacía seguir escarbando en la idea... Y es cierto, los engaño, quiero controlarlo todo la mayor parte del tiempo porque tengo miedo a manifestar mi luz, la lealtad a mi ser, mi desequilibrio, mi energía libre del control. Y la gente espera eso de mí, equilibrio. Yo debo sobreentenderlo, además. Es un deber moral/social que debo saber de antemano: "LA PROFE DE YOGA NO PUEDE SER, deber ser como todos esperamos, o le quitaremos la credibilidad por convención". 

  Es fácil, acuso al otro de loco (desequilibrado) para que no pueda evidenciar mi cobardía ante mi propia soltura. Acreditar a ese otro en su comportamiento desestructurado es asumir que no sé vivir. Yo hago eso con los demás y los demás hacen eso conmigo. Unos más, otros menos, pero todos nos lo hacemos. No sabemos vivir, y en vez de abrirnos a aprender, nos autoengañamos y engañamos a todos enseñándoles a autoengañarse.
  Yo pensaba que la persona que "me hace mal" representaba mi oscuridad, hoy descubro que es mi luz. Esa persona no tiene algo oscuro que debo trabajar en mí, tiene una luz que debo despertar en mí. Necesito permitirme eso que me muestra el otro para dejar de temerle y reproducirlo inconscientemente (Por esta idea se lo juzga tanto a Jodorowsky. Le amo.) He estado etiquetando de oscuridad a la luz. La oscuridad soy yo, reprimiendo eso que necesita salir a ser. Manipulándolo todo para acallarlo. Vivo en la oscuridad, y lo que me trae luz me aterra. Me asumo más oscura que luminosa.
  Perdamos el control, y seamos la luz que sólo los locos nos muestran. El deber ser equilibrados sirve para justificar nuestra oscuridad, nuestro miedo a ser. Es un lugar mental, igual de válido que todos los demás y sirve en determinados ciclos para muchas cosas (aprovecho también para agradecer su utilidad), pero a partir de hoy quiero ser libre de éste también, como he logrado serlo de otros. Ya no me sirve. Todo placebo me aleja de la verdad.

Exponerse

  Cuando era adolescente, vivía al borde del peligro, constantemente y sin miedo. Pero aunque sufría mucho luego de cada dolor, nunca me acobardaba. Mi hermano, que generalmente andaba cerca y me consolaba cuando lloraba (siempre lloraba), me repetía: "A vos siempre te pasa lo mismo porque te exponés mucho, no tenés que darte a conocer tanto" o "sos muy vertiginosa para mi gusto". Jajaja. 

  Confieso que muchas veces sentí culpa de ser vertiginosa, de cambiar tanto, de ir y venir, de saltar, de llorar, de arriesgarme, de enojarme y putear a toda boca, de subirme al auto de alguien borracho, de manejar el auto del remisero con actitud de conductora experimentada, de tirarle la escalera naranja al piso a los de Edesal al pasar y salir corriendo, de pegarle o apagarle un cigarro en el brazo al que me tocó la cola, de tirarle el trago encima al chico que no me quería aunque yo lo quisiera, de vengarme del que estaba conmigo por lastimarme, de salir a bailar sola, de emborracharme y llorar en alguna escalera, de besar a un desconocido en medio de la pista del boliche aunque me vieran todos, de perderme en la calle, de caerme de la moto en medio del barro, de escaparme de la escuela nocturna para ir a caminar sin rumbo con mi amor hiper-hippie, de quemar el cuaderno de amonestaciones en el secundario, de enfrentarme a la directora porque me gritó y ser expulsada, de no volver de algún viaje y dejar a mis viejos con el corazón en la boca, de fumar mucho, de jugar con las expectativas de los "chicos malos", de reírme de los chicos buenos, etc...


  Tanto, que con los años años empecé a suprimirme a mí misma, buscando ser equilibrada, armoniosa, sabia, justa, amable, servicial, diplomática, digna de ser bien recibida. Inevitablemente, mucho de eso ya es parte de mí porque lo actué tanto que aprendí mucha teoría y la integré de a poco, pero sólo a veces. Yo lo sabía, sólo a veces era así. Y otras veces quería romper todo y ser la de antes. Claro, todos estaban felices con la nueva Laura, y yo no. Yo cada vez menos. Hasta que descubrí que necesito volver a ser libre.



  Va de nuevo. ME EXPONGO, ahora a conciencia. Vengo a generar vértigo, incomodidad, irritación, reflejos y les doy tema de charla para criticarse a sí mismos a través de mí. No tengo vergüenza, no tengo miedo que no pueda afrontar, no me importa errar, ni que ustedes, llenos de errores, opinen sobre lo villana o buena que soy según lo que hago o digo a cada momento.



  Y los que tienen la idea de que "exponerse es para sufrir" sepan que sí lo es. El que se cuida va a sufrir de todos modos, pero cada vez más. Porque el que el que no se anima a sufrir, no se anima a vivir. Sepan también que el dolor jamás acaba, pero el sufrimiento en cambio sí. El sufrimiento acaba cuando dejás de creer que debés cuidarte de ser, de los demás, y de expresarte. Y aunque el sufrir acaba, la vida sigue doliendo. Duele hasta el final, sin pausa. La vida duele siempre, hasta el tuétano, y podés ser feliz mientras duele, y tener paz mientras duele, y dar amor mientras duele. Y porque duele se ama, porque duele se viaja, porque duele se busca, porque duele se salta al vacío y se busca compañía



  YO NUNCA DEJARÉ DE EXPONERME, porque su juicio me hace crecer, me hace sufrir y luego recordar que no importan sus opiniones, sino mi libertad. Exponerse genera presión externa, a veces me sirvió para lograr objetivos (la presión que supone perder credulidad y coherencia si no cumplís la palabra empeñada) y otras veces me sirvió para demostrarme que puedo ser como se me cante a pesar de la desaprobación (la libertad al descubrir que seguís intacta tras la crítica), según el lugar mental en que me encontrara y la experiencia que necesitara atravesar.




  LA LIBERTAD ES INCÓMODA, inestabiliza, rompe, cuestiona, remueve todos los cimientos. Entro y salga todo el tiempo de ella, sufriendo o celebrando, pero me la cargo encima aunque me duela hasta el alma porque yo soy la que junta los pedacitos cada vez que hace falta. Es mía, la quiero y la tomo.

BESTIAL

La sutileza nunca fue lo tuyo.
Dolores inciertos.
El problema de encariñarse 
con una bestia de mundo.
Se te rompió el termostato decías
y se te rompía el alma
queriendo ser un hombre
Besos de terraza céntrica
sueños mal dormidos
y una bicicleta que no pasea
por los suburbios de mi mente
son todo lo que queda.
Hacé lo que tengas que hacer
y volvé.

ALIVIO

Miro a través de la ventana y no te veo.
Cuánto me alegra
que no me tapes los pàjaros
que me elevan la vista...
Ratos largos...
Tengo una tristeza sabia
que acaricia y no pregunta
lo que no ha llegado
lo que no vino
Tengo un pucho de mentiras
y un alma de verdades, llena
una cerveza artesanal
y un espíritu de puta madre,
libre.

DEVALUADA

Devaluada el alma 
disminuida a paraguas
interpretada como casa materna
y el perdón
trampolín para el provecho
el abrazo
una excusa ante el espejo
para continuar sin seguir.
Me dí mis cuentas.
No es negocio.

ANCESTROS

Todos-Italia-viaje-tierra-trigo-pan-todos
El tren de palabras resonando
en mi conciencia.

Infinitamente.


Ustedes...
generaciones soñando
la habitación de los sueños...

Yo...
Desafío afortunado...
Mi gratitud.

Todos
viviendo en mí,
celebrando latidos de mí.
Escucho sus gritos y risas.
Estoy viva, regando mi árbol.
Crecen todas las flores
y todas las frutas.
Son para ustedes.
Todas.

ÁLMICAS

Hora es de salirse
por las líneas de los bordes
y seguirse la silueta 
Universalizarse
desde el centro hacia afuera,
hasta que la orilla se disuelva
y el agua encauce a otra,
Disolvernos todas
centralizando el alma

LO COTIDIANO

Lo cotidiano quiere matarme
Confundo esta casa con mi útero
y pinto con fuego la entrada
Algo me asfixia y está por parir
Último deseo:
Morir viviendo
 llena de caminos hacia la luz
de  puentes hasta tu mano
y  de mì.

HAS DE VENIR

Has de venir 
envuelto en tus yoes
buscando los mios
He de recibirte
desnuda
negándome
reconociéndote
sin forma
sin nombre
silenciado
invisible
vacìo

Me doy permiso para hacer juicio

"Manteniendo mi posición digo la verdad tal como yo la veo" (No recuerdo la autorìa)

Y no está mal. 
Y no es pecado.
Y no es agresivo.
Y no me convierte en una mala persona.
Y el que la recibe la merece.
Y el que la merece debe hacerse cago de eso.

Que yo diga la verdad que veo no significa que sea LA verdad. Soy consciente de esto cada segundo de mi vida. Pero sí es MI verdad y nací con el derecho a expresarla impreso en cada una de mis células, y también soy consciente de esto cada segundo de mi vida. No me distraigo.

Por supuesto, cuando un otro me exprese su verdad, la recibiré, la aceptaré, la negaré, la sufriré o haré de ella lo más elevado o lo más bajo, según la conciencia que tenga de la emoción activada en ese momento. Pero la mereceré, seguramente. Poque seguramente, la habré generado, y aunque ajena, esa verdad tendrá una porcentaje de verdad mía también.

Gracias a todos los que me dicen las cosas que mi ego no desea escuchar. No dejen de hacerlo, por favor. Yo les prometo no dejar de decirles lo que veo, porque en eso puedo verme también. Si no le pongo palabras a lo que veo, no me defino, y luego no puedo ver todas las definiciones que he depositado sobre mí misma para después quitármelas. Ustedes son mi espejo, y yo soy el de ustedes.

¿Qué ven?

Respondámonos sin miedo. Me tienen realmente podrida esos discursos espirituales de personas que supuestamente no hacen juicio. El juicio es nuestra realidad, es producto de la dualidad en que hemos proyectado la escuela que es la vida, y quien no lo hace, no puede estar vivo. Hasta Jesús hizo juicio antes de morir:

"Oh, señor, perdónalos porque no saben lo que hacen"

¿Quién era Jesús para determinar que otros seres humanos no sabían lo que hacían y que debían ser perdonados? Decir algo así precisa la certeza de una verdad que se ha tomado como verdadera. Eso se llama "juicio". No es posible habitar esta tierra, encarnados, sin hacer juicio. El juicio es un programa sin el que nuestra mente no puede funcionar en este mundo. No se puede usar una máquina de escribir sin cinta y no podemos esperar que una máquina de escribir funcione como una tablet porque no es una tablet. Es sólo una máquina de escribir que puede escribir con cinta entintada, y a lo sumo puede evolucionar a máquina de escribir eléctrica, pero nunca será una tablet. Y aunque la máquina de escribir venga diciendo que es una tablet, sabremos qué es y cuál es su limitación, porque tenemos juicio. Los seres humanos que no hacen juicio, no existen.

EL JUICIO NO ES MALO.
Hagamos juicio sin culpa, porque nadie que no haga juicio podrá llegar a verse claramente. Hagámonos cargo de nuestros juicios, eso sí. Sepamos de dónde vienen y para qué sirven, y trabajemos sobre eso sin pausa y sin prisa. Pero dejemos de creernos maestros ascendidos que no hemos ascendido. Dejemos de suprimir la herramienta más valiosa que nos hemos auto-proveído y dejemos de sentir culpa por decirles a los demás lo que vemos, porque ese otro vino a reflejar eso y también debe aprender a aceptar la responsabilidad de lo que refleja, al igual que nosotros mismos.

La palabra

  Dicen que del dicho al hecho hay un largo trecho. Y en ese trecho se juega la integridad. Antes de decir y hacer nada, hay un valor original en la palabra de cada uno, por no haber en un principio motivos para desacreditarla y porque está virgen la oportunidad de demostrar ese valor una vez que se hable.Todos esperamos que la coherencia se manifieste la primera que escuchamos al otro: creemos. Damos por segura la pronta demostración de lo que se nos ha expresado.

  Entonces, la palabra vale, por naturaleza.
  *Acompañarla con hechos hace que adquiera más valor que el que tenía en un principio. Y cada vez que la acompañamos, su valor se engrandece. Mientras más la acompañamos, más confiables somos para los demás y más íntegros, dignos, merecedores nos sentimos. Esto nos ayuda a construir relaciones fuertes.

  *No hacerlo no mantiene vigente el valor que poseía en un principio, sino que se lo quita. Cada vez que se dice y lo dicho no se "hace" (real), disminuye un poco más nuestra credibilidad, nuestra autoestima y por ende nuestra auto-confianza. Esto nos lleva a debilitar cada vez más las relaciones.
  *No emitirla cuando no se tiene la capacidad o el deseo de acompañarla con hechos, es sumamente coherente, es casi lo mismo que acompañarla con hechos. Mantiene el valor que tiene por naturaleza, ya que no se la desacredita y al mismo tiempo se deja evidencia de la responsabilidad e importancia que se da a la propia palabra, a la propia dignidad.
  Creo que el secreto para construir sanas relaciones está en ser, dentro de lo posible, coherentes. En la auto-observación constante, en el hábito de ser conscientes.Y en que si algunas veces (lógicas) no nos sale bien, sepamos hacer el esfuerzo necesario para recuperar el valor de la palabra que hemos perdido, acompañándola con hechos. El esfuerzo incesante, diario, de ser íntegros, coherentes, dignos de confianza, es proporcional al amor que podemos brindar a otros. Si no hay esfuerzo personal y constante de ser mejor, no se puede amar bien a otros, porque tampoco se cultiva el deseo de ayudarlos a ser mejores cada día. Como es adentro, es afuera. Entonces el mundo será tan bello como capaces seamos de relacionarnos desde el amor, pero el amor nace en uno. El amor al otro es inherente al amor propio.

DUELO DE MÍ EN VOS

(a un año del fallecimiento de mi viejo)
Ya no vengas a mi casa,
llevame a la tuya.
Ya no abras mi puerta para que el sol entre, 
necesito salir a buscarlo.
Vámonos...
Juntemos piedritas lindas en el río,
visitemos a los desafortunados,
lagrimeemos todos los tangos,
hablemos de la fuerza superior que todo lo mueve,
reneguemos del mundo que no sabe contenernos.
Quiero ir adonde estás.
Acá el río corre con miedo sin tus piernas dentro,
y aún así, las mías no alcanzan para enfrentarlo.
El sauce que caía sobre la orilla de tu frente
ya no me queda cerca.
Dame la mano...
Los rincones me empujaron,
y ya no cuelgan hamacas desde el cielo para mis ojos.
Oh, ¿cómo arreglarme con lo que me queda
si nada se parece a lo que te llevaste?
Invitame...
¡¿Adónde vamos?!... ¡¿Cuánto falta?!...
Sí, ya sé... cuando llegue lo sabré.
Tengo que aprender a esperar
que termines de hablar con ese señor, para hacerte preguntas
y la ansiedad está lastimando mi rodilla derecha

Calidad de obsoleto

  Viajando, pensé en la diferencia que encuentro entre dirigirme hacia un lugar desconocido (la partida) y dirigirme hacia un lugar conocido (el regreso). Mientras observaba el camino, tomé conciencia de que mi placer de viajar reside en la posibilidad de que los hechos escapen a mi previo conocimiento de ellos. Supe, en ese momento, que las relaciones me parecen disfrutables cuando no sé qué esperar del otro, siempre y cuando lo recibido me sorprende porque antes de eso me habitó la incertidumbre.

  La incertidumbre me permite abrirme ilimitadamente. Me mantiene siempre entusiasmada porque me permite creer que en cualquier momento el resultado puede serlo todo, incluso lo más elevado, lo mejor, lo más completo, lo más deseado. Y obviamente el resultado no siempre es todo, o lo más elevado, o lo más deseado. Pero mientras no hay repetición y existe la posibilidad de que lo mejor sea, disfruto y me dan ganas de apostarlo todo a ello. Mientras hay posibilidad del todo, deseo invertirlo todo. Esto es lo mismo que siento cuando viajo hacia un lugar desconocido, porque todo puede suceder. En el viaje a lo desconocido no hay límites. La posibilidad del todo está latente, viva, caliente.

  Cuando regreso al lugar conocido, a las personas conocidas, a las situaciones conocidas, lo hago sin perder mi optimismo, pero inevitablemente siento que las posibilidades de que ciertas cosas me sorprendan allí ya están limitadas por la experiencia de la repetición. Sin ponerle excesiva atención para no caer en la expectativa que limita más aún, lo dejo en manos de mi apertura al cambio y lo suelto.

  Y la verdad es que, afortunadamente, hay algunas cosas que escapan a mi deseo o a mi gusto y que permanecen exactamente iguales. Al acercarme a ellas, abierta una vez más a la sorpresa, y confirmar que el resultado es el de siempre: casi cansado, ya sabido, sin querer acostumbrado... me queda un sinsabor que me advierte sobre la necesidad de atención a mi espíritu, y me ayuda a discernir sobre lo que estoy acarreando a mi paso. Por suerte estas cosas, sin posibilidad de creación, me dejan la sensación de viejo, de pasado pesado, de obsoleto. Y digo por suerte porque, aunque entristecen a mi ego, son la herramienta indispensable para que yo pueda comprender, aceptar, avanzar y crecer. Seguramente luego me acerco a probar mi optimismo ante la situación algunas veces más, pero lo hago cada vez apostando menos si no percibo indicios de cambio.

  Es cierto, mi esencia se alimenta del cambio, de la transformación. No puedo nutrirme en lo obsoleto, en lo que perdió sabor, color y quedó anticuado frente a aquello que lo supera: el Todo. No disfruto entregarme a lo trunco, a lo limitado. A lo que tiene resultado sabido y se resiste a la posibilidad de innovación. No he aprendido a hacerlo. Quizá deba aprender a hacerlo. Quizá ya es tiempo. O quizá todavía no... 
  Hay cosas, a veces, que en mi mundo quedan obsoletas sólo por no portar permisos para serlo todo.

La importancia de la elección consciente

  Un día del año pasado, fui a comprar mi amado y frecuente alfajor triple a la vuelta de la que era mi casa, y la cuál en ese entonces compartía con mi pareja. La kioskera abrió la puerta y le pedí el alfajor que quería, me respondió que no lo tenía y comenzó a ofrecerme un montón de otros alfajores, que ni siquiera eran triples. Yo estaba ahí, parada escuchándola a ella y viendo a mi pareja esperar que yo elija alguno para irnos pronto. Y me dí cuenta de que mi pareja y lo que la señora me ofrecía representaban lo mismo: lo que no quiero para mí, lo que no he pedido al Universo para mi vida, lo que no disfruto.
  Ciertamente llevaba meses de sufrir por conformarme con la compañía de alguien que no poseía cualidades que pudieran servirme para caminar tranquila y feliz, porque no buscábamos lo mismo. Y ante la incapacidad de aceptar eso, traté primero de adaptarme y luego comencé a querer cambiarlo. Ahí vino el sufrimiento. Pero al ver la secuencia del momento que vivía como una metáfora de la relación, pude decirle a la señora que ninguno de esos alfajores era el que yo quería, que le agradecía la oferta pero que si la aceptaba corría el riesgo de pasar por otro negocio en el que sí hubiera ese alfajor que yo deseaba y no tener ya el dinero para tal compra por haberlo gastado antes en algo que realmente no deseaba.
  Supe entonces que esa debía ser mi postura ante la vida, que esa idea era una de las claves principales de la abundancia y del merecimiento y que si conseguía sostenerla en algo tan simple como la alimentación, que implica el plano físico, podría luego ir trasladándola a los planos mental y emocional y podría así comenzar a discernir con mayor facilidad sobre lo que realmente quería para mí misma, lo que realmente necesitaba y lo que podía dejar afuera porque no aportaba a mi evolución. La Comencé a practicarlo en cada acto diario y fue como pensé... seguí mi camino sola y todo lo que había estado trabado durante tanto tiempo comenzó a llegar. Encontré la plenitud constante y mi autoestima volvió a equilibrarse. Es que el Universo entiende cada acto nuestro como un mensaje de lo que estamos dispuestos a recibir, y yo había estado aceptando mucho menos de lo que había estado pidiendo. Esa incoherencia había truncado la fluidez, y al alinear lo que deseaba con lo que actuaba, la fluidez regresó.
  Hoy sostengo con toda la certeza de mi espíritu que en los detalles se pone en juego la paz personal. Y en cada detalle debe haber consciencia porque lo que de cada detalle se haga se hará la vida de uno mismo. Los detalles de la casa, de las formas, de lo cumplido, de lo sentido, de lo comprado, de lo esperado, de lo rechazado, de lo compartido, de lo arriesgado, está de manifiesto la vida construida. Lo grande, lo que se ve a gran escala, es el resultado de lo consciente que se ha sido hasta el momento.
  No compro cualquier alfajor, cualquier trabajo, cualquier situación. Elijo cada alfajor o caramelo como si de ello dependiera mi vida, porque ciertamente así es.
Gracias a la vida por el libre albedrío.

GANAS

Tengo ganas de un escandaloso karaoke
de vomitar en notas erradas tanta libertad
de cantar bien alto para el vecino que vive enojado
de reirme de mí en favor de los que sienten pudor
de divertirme conmigo para todos
¿y porqué no? junto a algún hombre libre
que se cante a sí mismo en voces baja y alta
que se nutra del silencio y se vacíe en dos palabras
Que todo sea con un vestido horrible
que evidencie la innecesariedad de la moda,
y una letra que hable del codo de la manzana
que la gente dobla cuando llega a la esquina
para empezar una cuadra nueva
con la misma pregunta gastada en la cabeza: ¿adónde voy?

Aprendiendo a amar más

  Hoy, como pasa a veces, me tocó hacer cola en el sanatorio para sacar un turno a mi madre. En un momento, recordé otra vez: Todo lo que veo fuera de mí son proyecciones de mi inconsciente a ser resueltas. Y empecé a concienciar los detalles: "Toda esta gente con problemas de salud representa la falta de óptima función celular en mí... Ese vendedor ambulante entrando por la puerta representa las oportunidades que se me presentan a veces de elegir conscientemente lo que quiero que se consuma en mi sociedad... Esa persona dando los turnos representa las disposición del Universo para ayudarme a sanar... El médico amoroso representa la devolución del Universo ante mi amor propio en determinadas situaciones... El médico malhumorado representa la devolución del Universo ante mi falta de autovaloración en determinados momentos... El hombre que pasa por la vereda representa a alguna de mis desconocidas células... alguna que sé que existe, pero que no ubico. Los bebés que veo representan las posibilidades de regeneración de mis células. El hombre que fuma afuera representa los inconscientes restos de fumadora en mí, aunque haya dejado de fumar hace años. La gente pagando cuentas representa mis karmas, toda la energía que retiro de la fuente Universal y que de a poco retribuyo, a veces equilibrando, a veces generando deudas. La chica que pasa apurada con su novio siguiéndola unos pasos más atrás representa a mi amor en movimiento, guiando a mis fuerzas de acción. Las calles cortadas a causa de las obras públicas representan la actualización de los canales por donde circulan mis células. El centro representa ese lugar en mi interior donde conseguir los medios para mi realización , donde abunda el intercambio. Pero también donde tengo constantemente la oportunidad de aprender a discernir entre necesario y lo seductor. El kiosquito que siempre me vende el alfajor que me gusta representa el darme el gusto de mantener a mi niña interior feliz con poco, mientras hago los trámites para madurar". 
  Puedo extender este análisis a todo lo que hay en este mundo, a cada cosa. Pero cada una de los cuadros descriptos, representa algo distinto según quien los observe para sí mismo.Y si desde hace tiempo y hasta hoy he creído que debo aprender a salir a la calle y amarme en cada cosa y ser que veo, hoy eso se asentó mucho más. Cualquier detallito que rechace, desprecie, ignore, niegue, juzgue, condene, menosprecie en el mundo, me aleja de mi realización. El amor incondicional es amar el Universo que hay en mí, con todo lo que ello implica. Y todo ese Universo es lo que ven mis ojos, abiertos y cerrados. Estoy aprendiendo a amar más.

Indefinido

  Si escribo “qué lindo beso” todos piensan que alguien determinado me ha besado. Si escribo “te amo” todos piensan que deseo a alguien determinado.
  Si escribo “¿dónde estás?” todos piensan que busco a alguien determinado.


  Maneras de mentalizar la infinita conciencia.

  Qué lindo beso el dado con imaginación.
  Te amo porque amo. Porque ahora sé amar
¿Dónde estás? Si lo supiera pronto, se acabaría pronto este placer de concentrar la energía que me imanta a lo que sos.

  Tu innombre inapellidado te convierte en el que siempre está, lejos y cerca. Posible todo el tiempo, como un ser inconformista que viaja buscando un cuerpo físico de canal, conectable en cualquier momento. Quizá imposible en alguien acabado, pero afortunadamente no tengo certeza de tal imposibilidad. Si los similares se atraen te supongo lejano, cerca de nadie tan cercano como vos y yo. Tan necesariamente lejos como para que nuestras auras continúen rozando sus contornos entre sí.

Las personas sólo son tóxicas cuando nos ponemos en el papel de víctimas

  Siempre que escucho hablar de personas tóxicas (dando vueltas alrededor de Stamateas, más que nada) me suena raro. He pasado mucho tiempo pensando en eso, tratando de descubrir qué me pasa a mí con eso. Y es que yo también he estado excusándome diciendo que tal persona es demasiado conflictiva, demasiado habladora, demasiado demandante, etc., etc. Y por supuesto, todo eso que me sirve de excusa son reflejos de mí misma. Ya todos hemos leído o escuchado eso a esta altura: "Todo lo que te incomoda o enoja del otro es un reflejo de algo que nos has resuelto en tí mismo". Hay que reunir el valor para asumir que nadie escapa a esa verdad.
  Todos crecemos rodeados de personas que nos dicen que no frecuentemos a ciertas personas, que nos alejemos de otras. Nos enseñan a temerles, a juzgarlas, a ponernos en un falso lugar de superioridad. Las madres somos las primeras. Trasladando miedos propios a nuestros hijos, truncando y limitando los resultados de sus experiencias, determinando a priori sus fracasos. Nada más egoísta, en nombre de un amor que no es más que miedo.
Hasta hace unos días he vivido repitiendo este patrón, esquivando gente con la excusa de cuidar mi energía, de cuidar mi salud emocional, de un montón de estupideces que ya no puedo ni deseo sostener más. No puedo avanzar en mi camino espiritual negándome en ustedes (otros yo). Cada camino es sagrado, incluso cuando no se parece al mío. Y sin reconocer eso, no puedo seguir adelante, mi energía no fluye sin asumirme en ustedes. He sufrido resistiéndome a esto, y no voy a negarlo más.
Personalmente he pasado la vida siendo "apedreada" por manifestarme libremente, y a causa de eso también he acusado a otras personas por hacerlo. Pero elijo mutar de víctima a ser humana íntegra. Hoy siento que, como mi inconsciente atrae a cada persona que hace contacto conmigo, voy a aceptar cada contacto sin miedo. Cada uno tiene en su camino lo que merece, lo que ha atraído, lo que se ha ganado y lo que necesita para crecer. Todo lo que te han hecho y dicho, lo has merecido. Y si ha dolido, no es casualidad. A mirarse. Las opciones son dos: resistirse y escapar, sufriendo por ello en cada pausa, o asumirse y dejar que duela intensamente por última vez. Las demás personas pueden ser y hacer o no lo que se les antoje, y mientras yo esté en mi eje, nada puede afectarme. Si me afecta, lo asumiré sin responsabilizarlas ni juzgarlas. Es muy fácil y muy cómodo acusar a los demás del estado de uno, pero no es sincero. Lo sincero es asumir que una no ha desarrollado la capacidad de asumirse en el otro.
  La resistencia es el camino más largo a todos lados. Hace días le pregunté a un amigo algo que me pregunté toda la vida: "¿Qué sucedería si nadie temiera ni se resistiera a ser violada/o, sexualmente hablando?." Siempre me pregunté qué pasaría si alguien intentara violarme y yo (consciente de que mi cuerpo es algo que no voy a llevarme del mundo porque es sólo un envase) pudiera decirle sonriendo: "Dale, buenísimo"... Sé que siempre hago preguntas jodidas, pero me sirven mucho. Respóndansela hasta el final. Dejen que la cadena de respuestas los lleve hasta donde ya no pueda decirse más. Enrósquence hasta parar. La respuesta es que con el tiempo se acabarían las violaciones, porque no habría resistencia y no habría lugar mental que alimente la enfermedad que hace a un violador querer poseer lo que se le es negado. Simple psicología inversa si se quiere.
  La resistencia nos enferma porque nuestra esencia nos pide constantemente trascender los límites que se nos presentan. Venimos a eso al mundo, a buscar y buscarnos detrás de todo eso que nos limita. En la resistencia se sostiene el machismo. Cuando un hombre me dice algo en la calle mientras voy pasando, lo miro con cara de nada, como si sólo pasara y nada hubiese escuchado. Sin miedo, sin rechazo, sin vanidad, sin nada. Igual que miro a la abuela sentada en la reposera o a su perro. Y cuando el tipo se da cuenta de que no alimento su necesidad de sentirse superior, de que no pudo marcar nada en mí, se decepciona. Mientras más nos resistamos a los piropos, más piropos habrá. No podemos obligar a los otros a respetarnos, el respeto es algo que brota de la piel. Si una se asume víctima, siempre lo será. Esa fue mi solución ante los benditos albañiles. Jaja. Gracias a ellos por tantos años de decirme cosas que me enfurecían.
  A propósito de esto, hace un tiempo fui a un recital y alguien me tocó la cola. Durante el primer segundo pensé en darme vuelta, detectarlo y dejarle la mano marcada en la cara.(antes hacía eso y lloraba, me sentía ultrajada). Pero en el segundo número dos, pensé: "Es una parte de mi cuerpo, igual que el brazo, que la cara, que la pierna o o planta del pie. No tiene sentido enojarme.". El hombre que hace eso, busca lo mismo que el hombre que piropea: poder sobre la mujer. Y mi respuesta es la misma: "A otro perro con ese hueso. No tenés poder sobre mí". Desde este lugar mental pude dejar de sufrir por los dos intentos de abuso experimentados durante mi infancia. Tenía pánico de encontrarme bajo el mismo techo que quien fue mi tan rechazado maestro en esa experiencia. Mi miedo lo atraía constantemente. Un brillante día, lo miré directo a los ojos y pude verlo como a un ser humano atrapado en las necesidades de su cuerpo físico, más alejado de la libertad que yo, y lo perdoné. Le perdí el miedo. Tras el contacto visual, se extrañó, me miró asombrado unos segundos y luego agachó la cabeza retirándose del lugar. Desde entonces dejé de verlo. Ya no hay resistencia, no hay miedo, no hay atracción. Ya no temo a las violaciones, a los abusos. Nadie en la calle puede tener poder sobre mí porque no atraigo eso. Ya no, soy energéticamente hablando, un blanco atractivo. El inconsciente de un abusador percibe la energía, el nivel de miedo en alguien, huele su fuente de alimento.
  Con todos los tipos de personas que creemos tóxicas, pasa lo mismo. Alejarse físicamente de alguien no resuelve nada, hay algo que resolver adentro de uno mismo. Sin hacernos cargo no evitamos el reflejo, otras personas vendrán una y otra vez a hacernos sentir exactamente lo mismo que rechazamos, hasta que logremos hacerlo consciente. Sólo entonces se disolverá el problema. Las personas pueden ser contempladas o descartadas a nuestro antojo, pero el problema que nos presentan se repetirá las veces que sea necesario a través de distintos cuerpos.
  Obviamente comprendo que antes uno debe desarrollar la capacidad de responsabilizarme totalmente de sí mismo, cosa que no es fácil y que lleva un tiempo. Pero lo importante mientras se trabaja en eso es poder ser sincero y decir: "No me acerco a tal persona porque aún no puedo manejar las sombras que su luz evidencia en mí. Aún no encuentro las herramientas para trabajar frente a ese ser/espejo". Esta es la verdadera razón por la que cortamos relaciones, porque no sabemos manejarlas, porque nos quedan grandes. Pero una vez que estamos listos para integrarlo todo, fundirnos en eso del otro que tanto nos aterra, entregarnos al evento, es el secreto de la libertad.
  Muchísimas gracias a la vida, a mi homeópata y a las flores de Bach que me pasean con un enorme farol, hace dos semanas, por el mismísimo infierno de mi conciencia. Jajajaja.

El amor es el fin del matrimonio y el fin del matrimonio es la sanación del útero



  Escribir esto es una especie de cierre de un proceso de muchos años para mí.  Cuando estudiaba letras, entre tanta filosofía que descubría y aplicaba en mí, en mis relaciones con el mundo y en mi montón de relaciones “amorosas” que “no funcionaron”, llegué a la conclusión de que el amor no existía. Para mí fue un asunto aturdidor y vertiginoso, enorme, y quise charlarlo con gente cercana para darle más vueltas. Sobretodo porque era más chica, me faltaban algunas experiencias que más tarde incorporé y aún no había despertado lo suficiente mi amor propio. Por supuesto, a nadie le cayó bien la idea. Mi planteo fue  una amenaza para su sistema de creencias y me condenaron de varias formas, explícitas e implícitas, sin posibilitar debate alguno.
  En ese entonces, mi idea no estaba bien definida. Me costaba terminar de darle forma. La sentía desbordándome y no conseguía traducir en palabras la manera en que eso sucedía. Eso evitó que acumulara la fuerza suficiente para insistir con el tema, porque me preocupaba demasiado que se pusiera en discusión la coherencia de mi pequeño recorrido intelectual. Y, con los meses, fui retomando la creencia común del amor. La del amor definido como un proyecto de dos, acompañado de un contrato de exclusividad, de sexo y de reproducción sexual. Así es que seguí intentando alcanzar ese combo de cosas, porque hacerlo suponía algún tipo de realización y yo quería experimentar eso para saber si en verdad no había estado equivocándome. El sistema prometía insistentemente el combo, haciéndome dudar de mi propia voz interior, restándome auto-confianza. Hoy confieso que, de ese combo, he tenido todas las cosas, juntas y separadas, y nunca me llevaron a sentirme realizada. No me han conformado.
  Hay algo en mi interior que no se conforma nunca, y lo agradezco profundamente, porque es la alarma que me mantiene consciente de mi no-realización. Cuando hay búsqueda, inquietud, no hay realización. Ahora sé que el amor no es lo que nos han vendido, que no existe en el sentido de que no está depositado en un otro, en una cosa o en un plan, que no necesita de nadie más que de uno mismo. No es algo que surja por demanda, sino que se emana desde el interior tras descubrir su origen en la soledad y sin andar limitando  a otros seres que necesitan lo mismo que nosotros: ser, en toda su autenticidad.
  La realización para mí es la totalidad (“El Absoluto” le llaman los gnósticos), porque si hay totalidad no hay nada que buscar. Porque todo está completo, y si todo está completo, no hay nada que falte. No hay necesidad, no hay deseo. Al dejar de faltar algo, al no haber un “nada”, un “vacío”, un hueco que llenar u ocupar, pierde sentido lo que lo completaría, porque pierde la función de ocupador. El concepto de “algo” se disuelve. Es cuando todo es nada y todo lo que es no es. Y es cuando, entonces, el lenguaje también dejar de ser necesidad, ya que al no haber división, no hace falta definición, porque no hay nadie que defina, no hay algo para definir ni una necesidad de comprender algo.
  El amor a nosotros nos lo venden y nosotros lo vendemos como algo que nos hará sentirnos completos, como un “combo para la realización”, sobretodo a las mujeres. Y eso es lo que buscamos, casi desesperadamente. Buscamos, y en ese buscar es que nunca encontramos, porque si algo nos aleja de la totalidad, de la falta de deseo, de la no necesidad, es la búsqueda. Buscamos contrato con quien nos comparte su sexo y su proyecto, y como ahí ya tenemos tres cosas del combo (sexo, proyecto compartido y posible reproducción sexual), sólo nos faltaría el último ingrediente para alcanzar la realización, el matrimonio (el contrato de exclusividad). Sí, queremos llegar al matrimonio porque creemos que al llegar estaremos cruzando la puerta a la realización. Pero la verdad es que llegar no es el punto importante, sino que es más sano salirse que permanecer en él si el objetivo original es éste. Porque es contraproducente, una postergación de la búsqueda personal que nos libera.
  El efecto de seguridad que brinda el concepto del matrimonio dura un tiempo determinado. Mucho o poco, pero llega un momento en que este enorme fuerte se cae o se sostiene buscando material nuevo fuera de él. Algunas personas buscan sexo extra-matrimonial, otras se crean adicciones, otras toman más trabajos, nuevas actividades, estudios, amigos, más hijos, etc. Siempre buscando más de lo que parecía todo al momento de unirse en matrimonio. Y eso no es autorrealización, es búsqueda, insatisfacción, inconformidad. Y es un estado maravilloso del espíritu, pero no requiere tener un contrato amoroso con nadie. El otro también necesita realizar su búsqueda, y convencerlo de que debe permanecer a nuestro lado es algo (egoísta) que nos han hecho creer. Nadie necesita a nadie para realizarse. Y el otro no nos necesita para su autorrealización, aunque nos cueste asumirlo.
  La exclusividad, pensada como parte del combo para la realización, es una forma de mantenerse mutuamente cumpliendo normas que en algún momento alguno detestará, porque nadie desea hacer lo mismo toda la vida. Todo el tiempo estamos buscándonos en lugares diferentes: en una persona, en otra, en una actividad, en un viaje, en una fantasía erótica, en un hijo, etc. ¡Y es que debemos experimentar todo lo que podamos para descubrir cuál es el camino a la realización aunque lo hagamos de manera inconsciente! La exclusividad es una limitación. Considero que no hay un ser humano que no deba experimentarla, porque es una gran maestra, y que no hace falta que sea de por vida. Lo más sano es que cuando uno de los dos comience a sentir inquietud, ganas de seguir buscando otra cosa en otro lado, tome la decisión de hacerlo y lo haga. Que siga su camino agradeciendo lo compartido, y que eso no signifique un abandono o una traición, sino un acto de amor. La exclusividad es una experiencia que sirve para aprender a soltar, que enseña el desapego, que permite la práctica de renunciar a las exigencias que puse sobre el otro, y sobre mí.
  Todo tiene un ciclo: los deseos, los hijos, los amigos, las etapas, las relaciones, las estaciones, las inclinaciones. El multiverso es cíclico. Los contratos de por vida no se condicen con la evolución, porque la única forma de evolucionar es tomando y soltando. La realización es renuncia, a todo, es necesidad de nada, apego a nada. Sólo nos acercamos a ella soltando todo lo que debe irse, lo que ya no nos sirve, lo que ya nos sirvió, lo que cumplió ya su función. Apegarse estanca, bloquea, desequilibra y engaña. Mientras más soltamos, más descubrimos que cada vez necesitamos menos.

LA MUJER
  Las mujeres que se casan convencidas de haberse realizado, renuncian a sí mismas para ser “mujeres de”, pero más tarde o más temprano, comienzan a necesitar algo más. Y ahí vienen los problemas, porque sin querer caen en el error de vivir reclamando al hombre el regreso de aquel sentimiento de satisfacción adquirido tras el casamiento. Como si fuera responsabilidad de la pareja facilitarle la plenitud que no ha estado buscando, que no ha estado oliendo cada vez más cerca, como lo hacía antes de casarse. Y es que cree que la autorrealización está en la pareja y que debe sacudirla como a una maraca que nadie mueve para que haga ruido otra vez, ya que el silencio le despierta inquietudes nuevas, que no están dentro del contrato firmado por ambos. Bucear en esas inquietudes puede llegar a ponerlo en riesgo, y a la exclusividad, al combo, y generar culpa. Entonces es mejor reclamarle, al otro, cosas y responsabilizarlo de los propios deseos (sobre todo de aquellos considerados impuros que despiertan la culpa), de la propia no-realización.
  Otras mujeres, un poquito más libres, en vez de reclamar, vuelven a buscar. Buscan otro/s hombre/s o mujer/es, actividades, amigos, viajes, retiros, etc. Y, lógicamente, en ese retomar de la búsqueda, estas mujeres se abren a las posibilidades mucho más que antes de casarse, por necesidad natural, por consecuencia inevitable de la auto-represión ejercida durante largo tiempo. El único punto desfavorable de esto es que, en el caso de la infidelidad consumada, al seguir sosteniendo el contrato de pareja creyendo que lo que han hecho es inmoral (claro que la persona con la que se encuentran casadas así lo concibe también) nace la culpa.
  De estas dos situaciones nacen los problemas de útero (traten de informarse sobre el deterioro progresivo de la salud uterina en el mundo entero), porque nacen la culpa y la demanda. La culpa y la demanda (ambas, producto del miedo) son estados de la conciencia que afectan directamente al útero.

  El útero es, energéticamente hablando, nuestro órgano más importante, mujeres. Es el núcleo de nuestro poder, de nuestra comunión con la tierra, el cerebro simbólico de la mujer, la embajada del inconsciente femenino, el depositario y contenedor de las experiencias sexuales de la parte femenina de nuestro árbol genealógico. Representa el hogar, la sexualidad, la creatividad y la creación, la energía maternal, el amor incondicional y es irradiado por el Chakra Sacro, uno de los siete centros más importantes dentro de nuestro sistema energético.
 Muchas veces, la mujer cree que se libera por animarse a tener sexo con otro hombre o por salir de su casa a trabajar o a estudiar (por ejemplos). Pero aunque estos pasos son parte del proceso, no significan la libertad definitiva porque sigue habiendo en la conciencia una contradicción: el sostenimiento del matrimonio por miedo a desafiar la creencia que lo avala, y al mismo tiempo, la búsqueda de realización fuera de éste. Las células del cuerpo de una mujer saben inconscientemente, que el contrato que ha firmado no es el pasaporte a la plenitud, sino una experiencia más en su búsqueda, pero la mujer teme rescindirlo porque hay una creencia arraigada en su conciencia de la que no logra despojarse, y ese conflicto constante daña su salud integral. Miente al otro sobre lo que desea, necesita, busca, y se miente a sí misma, por miedo a soltar. Si no, sigue sola, pero buscando insistentemente completarse a través de la unión con otra persona, sin hacer consciente lo que el cuerpo sabe y sufre, dañando más su útero. Sin saber que para cuidar y sanar su útero, la mujer debe darse a sí misma lo que reclama.

RELACIONES CONSCIENTES
  Las únicas relaciones de pareja que “funcionan” a largos plazos (“funcionan” porque en realidad toda experiencia cumple su función de una manera u otra), son aquellas en las que ambos son conscientes de que cada uno es responsable de su propia realización. Son parejas que saben que lo más práctico es compartir ahora, viviendo el presente, porque quizá mañana no sientan lo mismo o no puedan compartir un proyecto común. Son las parejas que no se relacionan desde el apego, desde el miedo a no tener un contrato de por vida, desde la necesidad de reproducirse para ser. Porque son seres que saben que el otro es un compañero mientras dure el proyecto juntos y no el responsable de hacerlos sentir felicidad, plenitud.
  Estas parejas, a veces, renuncian a ciertas situaciones o costumbres, de común acuerdo, para sostenerse en el tiempo y poder convivir en armonía. Y es que no hay forma de que dos personas compartan un techo, en paz, sin reglas de convivencia. La convivencia entre estos pares es una elección consciente, sin apego y sin expectativa de realización depositada sobre el otro y sujeta a futuras demandas, sin alternancia entre dos realidades (una blanqueada y otra oculta), porque en estos casos el equilibrio se pierde.
  Son parejas que persisten en el tiempo porque no pierden su individualidad, ni niegan la responsabilidad de sí mismos. Pueden elegir la exclusividad como preferencia mientras dure, porque son personas honestas consigo mismas y con el otro, o permitirse descartarla, o dejarla en manos de la naturaleza. Pero no sienten la necesidad del matrimonio porque saben que soltar es parte de la búsqueda, y si les llega la hora, sabrán hacerlo. Y si eligen casarse, es para cumplir requisitos legales que posibilitan la concreción del proyecto en común ya iniciado. También pueden tener hijos, pero sin perder de vista el enfoque desde el que fue iniciada la relación.

  EL HOMBRE
  El hombre difícilmente ve el matrimonio como una realización, por eso generalmente se resiste más a casarse. Su miedo o la duda eterna de tomar una decisión definitiva es real, lógica e inteligente. Es su voz interior diciéndole que eso va en contra de su realización.  Todo se mueve, todo cambia, nada es estático y nadie sabe si sentirá o deseará lo mismo todo el tiempo. Seguramente no. Nadie sabe lo que pasará mañana, y al hombre no le asusta tanto como a la mujer no saberlo. La mujer necesita asegurarse un plan para ser madre y “mujer de”, al hombre no le importa ser padre teniendo un plan seguro o no.
  Posiblemente encontremos algunos hombres que manifiesten lo contrario, que expresen la importancia del deber de formar una familia y de mantenerla unida a rajatabla, pero es un discurso que sostienen hombres educados bajo preceptos morales religiosos y machistas, que afortunadamente pierden cada día más fuerza. A la gran mayoría, no los pone ansiosos llegar a los treinta o cuarenta años de edad sin ser el esposo de alguien. Y me atrevo a sospechar que para el hombre la realización pasa más por la reproducción que por el contrato de exclusividad.
  Sabemos que el matrimonio es una exigencia de la iglesia como institución, del sistema patriarcal, entonces las mujeres somos las que más necesidad de “completitud” experimentamos porque somos el sexo a debilitar (no “el débil”) desde siempre. El hombre suele firmar el contrato de exclusividad, finalmente, para poder reproducirse y sentir que sirve como macho. Pero a la hora de recurrir a la infidelidad, si lo hace, no siente la culpa que siente la mujer. Porque aunque firmó con aclaración y todo, nunca creyó en la exclusividad, si no que toleró el ítem para ser padre. O para poder satisfacer su inconsciente necesidad de tener una madre en quien pasa de ser mujer a ser “su mujer”. En fin, por conveniencia. Y  aunque el hombre no cree en la exclusividad que exige el matrimonio, su mujer no puede faltar a dicha regla, porque la necesidad que él tiene de ver a su mamá en la esposa implica la misma exclusividad que brinda una madre machista. Así, la zona de confort se garantiza para él.
  Por otro lado, el hombre que asume su necesidad de realización, simplemente se va del hogar, no sin ser condenado por eso como el ser más vil en la tierra. Al no haber vivido bajo el mismo nivel de represión que la mujer, tiene un poco más de conciencia de su amor propio. Sabe que “el combo” es mentira porque conoce las intenciones de quienes lo impusieron. Los que hacen a su género. Y comparte con ellos la misma conciencia colectiva masculina, desde siempre temerosa del poder femenino. Le resulta evidente la estrategia para dominar sobre la mujer, pero no le resulta fácil darse cuenta de que no le conviene la complicidad, porque el discurso que planta en las conciencias también implica represión sobre sí mismo. No puede ver que implica la negación de su parte femenina, de su parte emocional, sensible, flexible, fluída. Y no puede detectar que esa represión lo lleva a rechazar su propia femineidad en la mujer porque él mismo no se permite manifestarla. Porque no se le ha inculcado la importancia de sentir, sino sólo la de pensar, trabajar y “plantar semillas”.
  Por eso, la mayoría de los hombres cree que la reproducción (real=hijos o simbólica=trabajo/producción) lo realizará. Por eso luego de tener hijos y trabajo, generalmente se desinteresa por lo demás. Se jacta de haber cumplido con las exigencias básicas del matrimonio y deja de buscar. Por eso le crece la panza, porque hay sobre-alimentación, real o simbólica. Recibe demasiada energía maternal a través de su esposa, que se comporta como madre suplente, alimentándolo de todas las formas exigidas. Y por eso mismo es uno de los requisitos excluyentes cocinar bien para ser una “buena esposa”.  Y  el precio de serlo es muy alto, ya que como consecuencia, esa buena esposa termina con su plexo solar destrozado.

  El Plexo Solar es otro de los siete centros más importantes del sistema energético y se encuentra a la altura de la boca del estómago. Este centro simboliza, entre otras cosas, la unión madre/cordón umbilical/bebé y según el estado en que éste se encuentre, construye uno/a sus relaciones con el mundo, y viceversa. Una persona (hombre o mujer) que cede a su pareja más energía de la que puede gestionar para sí misma, se convierte en la fuente de energía del otro, satisfaciendo permanentemente la demanda energética del plexo solar ajeno y vaciando el suyo propio.
  Pero volviendo al hombre (que ya ha cumplido con las exigencias básicas del matrimonio), más tarde o más temprano vuelve a sentir la vocecita de la insatisfacción y se reproduce nuevamente o adopta un nuevo estilo de vida en el cual vive en busca de otras mujeres, o saltando de trabajo en trabajo, o tomando, o fumando, o violentando (lo femenino, generalmente) porque también culpa a su pareja (su madre simbólica) de su no-realización.
  El hombre violento culpa a la mujer de haberle hecho firmar un contrato que nunca en realidad deseó firmar y permanece en el mismo lugar emocional porque no tiene el valor de soltar a su mamá simbólica, de aceptar que no es el centro del mundo de su mujer, como lo era del mundo de su madre (o como necesitó serlo y nunca lo fue). Odia o rechaza a las mujeres porque depende energéticamente de ellas. Su madre, o su figura materna, no le ha enseñado a proveerse su propia energía porque le ha dado exclusividad dejando de ser mujer para darle incluso hasta lo que no necesitaba.
  Este hombre  no sabe hacer más que consumir y demandar la energía de una mujer que no hace más que ceder. Eso lo hace sentirse espiritualmente inferior, y el agravante explosivo es que siente que una de ellas lo condujo a un destino en el que se ve reducido a trabajar y poner semillas para hacerla feliz (incluso aunque no cumpla él con esos deberes,  la presión de la demanda femenina le pesa sobremanera). Sabe que es superior en fuerza física, e inferior en fuerza espiritual. La mujer es su droga, la odia y no puede vivir sin ella. Y antes de que la mujer descubra que puede dejar de ser su fuente de energía, él hace uso de su única arma. A veces hasta matarla, como quien tira sus cigarrillos al inodoro tras la falta de voluntad para dejar de fumarlos.
  El matrimonio condena al hombre a trabajar y a desear a su mujer para toda la vida. Está bien visto que tenga amigos, un asadito a cada tanto y que juegue al truco o haga algún deporte. Y aceptémoslo, su vida también se convierte en una “no búsqueda”. El concepto del matrimonio encierra la obligación de vivir como un ser realizado sin serlo, y sin buscar serlo. Porque en cuanto aparece la búsqueda, aparece la conciencia de que “no funciona”, de que no hay realización, y queremos evitar a toda costa esa verdad que nos hace responsables de nuestra propia felicidad. Y que no funcione es igual a pecado (en lo más profundo de nuestro inconsciente), es signo de faltar a la palabra que se dio a Dios en la Iglesia, aunque nunca en la vida hayamos pisado una y nuestra boda haya sido sólo un trámite civil. Porque el chip de la iglesia en nuestra conciencia es parte de nuestra cultura.

EL FEMINISMO
  El feminismo, en general, defiende a la mujer del machismo, pero no ayuda a los hombres a reconocerse también como víctimas del propio machismo. Sino que hace lo de siempre: demanda. Los condena, los acusa, los responsabiliza por el sufrimiento de la mujer, pero la real realidad es que el hombre es gestado siempre en una mujer. El hombre ha sido educado bajo la influencia femenina todo el tiempo, pero a la vez obligado a reprimirla. Si no asumimos que eso es la causa principal de los fuertes conflictos en el hombre, no resolveremos nada. Y seguiremos por décadas o siglos exigiéndole al hombre que se adapte a nuestras necesidades o adaptándonos a las suyas bajo la violencia de género.
  La mujer tiene la única llave del cambio. Nosotros somos la fuente de energía del machismo Nosotras los alimentamos, nosotras lo permitimos. Si todas las mujeres tomáramos conciencia de nuestro poder, las leyes serían secundarias. Sostengo que es tan efectivo a nivel individual y colectivo un Círculo de Mujeres como una protesta. Si todas las mujeres que marchamos, formáramos parte de un Círculo, el proceso sería más acelerado y más irreversible. Y viceversa. No sugiero con esto que prescindamos de las marchas y de las leyes, justamente las apoyo porque ayudan a la transición de un nivel de conciencia a otro. Pero es urgentemente necesario invertir en la transformación espiritual tanto como en la intelectual.   
  Es urgente un reconocimiento de la carencia espiritual a resolver y de las herramientas ancestrales que hemos estado obviando, por ignorancia o por soberbia intelectual. Necesitamos una evolución de la conciencia, un cese de proveeduría energética a lo que nos mata real o simbólicamente.  Es urgente lo importante, insisto. Todavía escucho a muchas madres diciéndoles a sus hijos que los niños no lloran ni usan pelo largo, que el rosa es para las nenas y que parecen maricones usando flores, o diciéndoles a sus hijas que la cocinita es mejor que el auto, que las princesas esperan al príncipe, inculcándoles la competencia de belleza con otras nenas, e incluso enseñándoles que los varones son malos.

LA AUTORREALIZACIÓN
  La mujer tiene la opción de autorrealizarse, y el hombre también. No está en manos del hombre realizar a la mujer. La mujer se realiza sola, desechando la necesidad de casarse, de necesitar a un hombre que la ame, la respete, la cuide y la proteja. Desechando la necesidad de ser madre para realizarse también, porque los hijos tampoco son responsables de la evolución de una. Si una mujer alcanza los treinta y cinco años de edad y las circunstancias no la llevaron a parir un hijo, puede parir ideas, proyectos, éxitos, relaciones enriquecedoras sin apego. Eso es amor, la mujer misma es amor, y siendo ella misma alcanza la plenitud. El resto es viejo, es sólo contrato, y ese contrato es una trampa para no realizarse, para des-responsabilizarse de uno mismo. Tanto hombres como mujeres.
  El hombre puede realizarse sólo, guiado por mujeres pero  sin convertirse en un hijo de ellas. Sin demandarles atención, sino relacionándose con ellas desde el desapego, desde la renuncia a la posesión y a su propio miedo a ella. Hay que educar para ello, asumiendo que ambos géneros somos tanto víctimas como victimarios, o bien que ninguno de los dos géneros somos ni víctimas ni victimarios. Porque no creo que la mujer deba recibir contención como víctima de machismo y el hombre no, si nosotras mismas, la conciencia que nos nuclea, se lo hemos inculcado.
  Sólo nuestro conocimiento-sabiduría puede enseñarle al hombre a despertar en su interior la energía que nos reconcilia con la madre tierra. Pero para eso, la mujer necesita pararse en otro lugar, de no demanda, de no expectativa ni proyección en el hombre, sino en un lugar que la aliste para reconstruir su fecundidad y su maternidad con amor verdadero. Que no es más que ese estado que nos convoca cada vez que renunciamos a una relación que no nos hace sentir realizados. El amor verdadero se pone de manifiesto cada vez que entramos en comunión con nuestra diosa interna de mano de la soledad misma, aceptándola como camino a la liberación y no temiéndola.
  Como dice Eckart Tolle: “Las relaciones son para hacernos conscientes, no felices”. Entonces sirvámonos de éstas para reconocer nuestras carencias, nuestros miedos y creencias y no para recostarnos sobre ellas esperando que la plenitud llegue sola. Establezcámoslas y soltémoslas cuando las circunstancias así lo requieran, sin miedo a la soledad o a la búsqueda de lo desconocido, respetando la conclusión de cada ciclo, agradeciendo lo vivido y enfocándonos en la necesidad espiritual de buscar hasta que ya no necesitemos hacerlo. Vivamos profundas no-relaciones que expandan nuestro ser.

  EL AMOR
  El amor no se remite a una persona, a un dominio, a la reproducción sexual, a una necesidad, a un contrato. El amor no necesita nada del otro más que el desapego para descubrirlo latente en uno. No hay que buscarlo en nadie porque es parte de nosotros, es a partir de nuestras necesidades. A mayor liviandad de deseos, mayor plenitud. Ser plenamente es amar, porque el amor es en sí mismo. Uno no ama a alguien, no ama algo, sino que ama, a secas. El amor no precisa sexo, el sexo no precisa amor, la reproducción no implica contrato ni éste favorece al amor. La realización no implica nada de lo anterior, sino que es el final de un camino de búsqueda.
  No se puede amar sin búsqueda, porque la búsqueda es el alimento del espíritu que quiere volver al origen. A ese lugar de totalidad donde no hay un vacío que llenar, un deseo que satisfacer, un algo que definir. El amor no tiene límites, ni los impone ni los conoce, porque donde hay amor las reglas sobran. Pero no lo hemos sabido porque la sabiduría ancestral ha sido tergiversada y manipulada por la iglesia para matar el amor y así poder gobernar. El concepto del matrimonio es el que nos ha llevado a extirparnos los úteros, nuestros centros de poder. Y nosotras hemos estado sosteniendo esto, dormidas. Es el momento de despertar y asumir que somos las verdaderas amas de la sabiduría, que es nuestra. La energía creadora nos corresponde. Tomémosla y enseñémosla como nos lo debemos.

Laura Mastellone